LAS RELACIONES EN TIEMPOS HIPERMODERNOS by Umberta Telfener

Cómo ha cambiado en el tiempo el sentido de las relaciones y del amor: El periodo hipermoderno

trad. by Edgar Lomeli

El amor en la pareja contiene en sí mismo la contradicción entre la tentativa de regresar al tiempo del enamoramiento y la tentativa de anular la relación y poderse ir ligero (G. Agamben)

Algunos piensan que el amor sea un sentimiento siempre igual en el tiempo, hecho de las mismas emociones y de los mismos ingredientes relacionales, satisfactorios, pacíficos, un poco mágicos. El amor, en cambio, es un espejo de los tiempos y sigue algunas recetas que difieren en base al periodo histórico, a la edad de los sujetos, a la relación entre los sexos, a los valores y a las expectativas sociales y económicas.

¿Qué tipología de relaciones veo en mi práctica? ¿Qué historias tengo que narrar? ¿Porqué la importancia del sexo ha disminuido en muchas parejas (oficiales) y ya no lo hacen más? ¿La racionalización del amor y la expansión de lo que uno puede elegir a que nos ha llevado? ¿Y la coyuntura económica con sus consecuentes miedos e incertezas? ¿Que esta sucediendo que somos testigos de una cursilería amorosa más evidente que se apoya a una libertad sin fronteras y posibilidades infinitas, que solo los más fuertes y más protegidos psicológicamente logran crear un mejor bienestar psíquico?

El amor en el tiempo

En el curso del tiempo, han cambiado las prioridades y las reglas de las relaciones. La caída del patriarcado (Zizec Bauman) significa también que los hombres perdieron un rol de poder definido por la sociedad. El salvador, el cazador, el seductor, el hijo de puta no son roles que se refuerzan más, los hombres no son más defensores del orden y de la ley y tampoco ya no piensan mas en tener que defender a las mujeres. Si antes el rol del hombre y de la familia estaban seguros, y hombres y mujeres se encontraban sobre la misma barca aunque ni siquiera se voltearan a ver a los ojos, ahora – respecto a los roles – los hombres se encuentran confundidos y se experimentan a veces tontamente retirándose y declarando de “odiar” a las mujeres. La monogamia fue un pilastro del periodo patriarcal y continúa siendo el candado protectivo que defiende el núcleo de nuestra sociedad.

En los años cincuenta, fue “inventado” el amor en las relaciones que antes -en época patriarcal- era sobre todo un contrato económico entre dos familias. El amor neorromántico dio paso a la pasión, a la pareja, a la familia nuclear; también los celos femeninos, antes no eran necesarios para asegurar la relación pues uno permanecía en esa relación haciendo como si no pasara nada aunque estuviera el desamor. Ahora la s parejas se observan a los ojos y la emotividad entra en casa. En este mismo periodo se “inventan” también los hijos como una inversión afectiva importante y se reflexiona sobre las diferentes fases del crecimiento psicológico de un individuo y de una familia.

Con la emancipación femenina, a partir del 68 se ha tratado de reequilibrar las relaciones entre hombre y mujer, en un momento de experimentación creativa que ha llevado por primera vez oficialmente a poner en discusión los roles formales del patriarcado. El entusiasmo de la experimentación ha durado poco tiempo más allá que ha cambiado profundamente las relaciones entre las parejas, abriendo el diálogo e introduciendo la necesidad de la intensidad y de la satisfacción de la individualidad. Las mujeres adquirieron una voz que busca un diálogo paritario: hombres y mujeres se encuentran por primera vez a caminar lado a lado y cuando se observan a los ojos, la intensidad y la sinceridad son los ingredientes principales de su interacción. Al menos por un cierto periodo.

El amor postmoderno, estamos hablando de los años ochenta y noventa, tenía una bandera del consumismo y de la velocidad propias del capitalismo. Separarse y tener la sensación de libertad se convierten en valores igualmente importantes que el estar juntos, las emociones se convierten en mercancías y vienen puestas al público. Aumenta el número de posibilidades amorosas y los contratos se convierten cada día más individualistas y las expectativas sociales quedan al final. Estamos en la época en que los sociólogos, pecando de optimismo, declararon definitivamente la muerte del padre y la caída del patriarcado. Por otro lado, de manera autorizada la relación tiene menos valor: la satisfacción individualista toma la supremacía sobre el bienestar de la pareja, la continuidad en las relaciones viene experimentada como fatigosa y con un fuerte sentido del deber. La familia no implica más una lealtad a un código implícito de leyes que se crearon y desarrollaron en el curso de las generaciones y que hoy se experimentan muchas veces en soledad. Los hombres han perdido progresivamente el reconocimiento del propio rol social y en consecuencia generó un sentido de pérdida dando apertura a la violencia, que podría provenir de la misma pérdida de la tarea protectora hacia las mujeres. Así asistimos a una idealización teórica del amor que en la realidad en cambio se ha vivido en tres diferentes formas: 1.- Como una ocasión para experimentar y experimentarse desprevenidamente de los sentimientos de la contraparte; 2.- Como una carga a soportar y a sufrir por medio a estar solos que lleva a las parejas poco conscientes a una pobre satisfacción; 3.- Como un juego peligroso e idealizado, que puede traer mucho placer e igualmente sufrimiento. Las parejas se pelean a los hijos y las familias se alargan a incluir exmaridos y nuevas parejas.

Y llegamos a nuestro tiempo actual, al periodo que recopiando el anterior, defino hipermoderno de este nuevo siglo. Podemos afirmar que las expectativas de éxito y las pocas posibilidades de encontrar un buen trabajo, han aumentado la presión sobre los jóvenes, que se han atrincherado en el hacer, mas que en el pensar. El inconsciente social está organizado bajo el esfuerzo de maximizar la producción como solución a la crisis. Aspectos sociales y psicológicos cada día mas van de la mano y parece que no se logran distinguir. Se juega poco, existe poco quehacer mas allá del tiempo del “hacer” que permea cada día más la vida que construye una dicotomía muy exacta entre los deseos, las intenciones y la vida real. Se declara el propio amor a todos , como si amar fuera la cosa más simple. Creciendo contemporáneamente la insatisfacción afectiva y las personas cada día más hacen como si estuvieran bien, distraídas de la cantidad de estímulos y de ocupaciones a las cuales pueden acceder. Se esfuerzan para gestionar su soledad y sobrevivir a la fatiga de lo cotidiano. El sentido de culpa no es hacia el mundo que está “muriendo” sino a si mismos, porque no estamos a la altura de las propias expectativas que son infinitas y crean ansiedad. Quien fracasa se siente culpable ya sea porque el capitalismo es culpabilizante por sí mismo, ya sea porque vivimos con el mito de ser exitosos y tener dinero, y de ser felices, de una felicidad que se imagina llega de afuera. La responsabilidad recae sobre el sujeto mismo que no lo logra, sin la posibilidad de expiar la culpa. En un periodo así difícil el amor se convierte en un refugio que no se puede poner en discusión a ningún costo o quizás una ambición idealizada a la cuál no se logra llegar. El amor diluido, el sexo también; la sexualidad toma ventaja de las miles de ocasiones de exploración y de encuentros que la tecnología ofrece. Sexo mecánico hecho muy bien en cuanto a una performance narcisista, en la cuál se le pide a la pareja de dar un voto, cuando no se está implicado en el inicio de una historia monogámica (oficial). Amor descuidado porque da miedo al ser idealizado, sin el deseo y la fuerza de invertirlo y ocuparse: sin nutrición ningún sentimiento sobrevive. Quien se abre siempre a nuevas experiencias, trata de no dar una definición a las relaciones a las cuales se ve implicado porque cada definición cierra a otras posibilidades: sexo y amistad están por encima de amor y compromiso. No se invierte, no se contrata ni fidelidad ni futuro. El miedo por una parte nos cierra a posibilidades de distracción, por otro lado existe el riesgo de acercarnos demasiado y consecuentemente de sufrir por un inevitable abandono (inevitable porque muchas experiencias precoces infantiles incluyen un abandono por parte de la figura de atención, porque hoy la maternidad es considerada por las mujeres como una pausa en un camino privado y personal de crecimiento, los niños vienen crecidos con muchas figuras intercambiables).

La naturaleza no siempre positiva en las relaciones de hoy

Cuando una pareja se incendia, el amor explota, los compañeros tienden a proseguir por un cierto tiempo, sin reflexionar lo que está sucediendo; redifican el funcionamiento de la pareja a través de vivir la vida. Hasta que el sexo y la atención recíproca funcionan se tiene la sensación de una interconexión y dialogo. Todo va bien, la pareja no se mete en discusión, no se piensa, continúa desenrollándose como una película, distraída del futuro, muy seguido sin haber identificado una meta viviéndose en un tiempo sin conciencia frente a ellos. Las parejas construyen poco aunque tengan hijos, como si no quisieran dejar huella y valores compartidos tendiendo mas a solo a vivir el día. Eso que sucede viene aceptado e integrado mientras tenga un sentido positivo: con una inversión media y una pobre proyectualidad que es incapaz de tolerar las adversidades que vienen gestionadas con el alejamiento rompiendo la pareja. Usualmente en el punto en el cuál se separa , sin afrontar la crisis y sin haber entendido que sucedió. On/Off con extrema facilidad sin pensarlo a veces con gran sufrimiento sucesivo. Un “nosotros” generalmente basado sobre los deberes y poco sobre los placeres compartidos, mucha autonomía recíproca, la capacidad de apagar al otro en la distancia y volverlo a encender solo cuando estamos juntos; con ninguna manutención del amor (Telfener 2015).

Las mujeres están adquiriendo siempre más fuerza y buscan una pareja paritaria, renunciando al modelo del Pigmalión. Estudian, trabajan, se emancipan, ambicionan su independencia, hacen carrera como profesionistas, y cada día son más fuertes y ricas -también psicológicamente-. Ya no piden permiso. A veces si no muy seguido manipulan y abusan del nuevo poder y se arriesgan entre mujeres para practicar su deporte favorito, la crítica feroz al macho de turno. Se encuentran solas o mal amadas y creen que la culpa sea toda de la pareja, comienzan a no meterse en discusión, como por cientos de años se les concedió a los hombres.

El amor cuando existe frecuentemente está acompañado de sufrimiento; muchas son las mujeres -y están comenzando también los hombres-que sufren por un amor ambivalente que está y no está, que las hace sufrir de manera intermitente, y que no permite relajarse y traer ventajas de la estabilidad, del respeto y de la seguridad. Muchos individuos no encuentran una pareja y viven lamentándose de la soledad que no la logran transformar en algo generativo; muchas parejas están enamoradas del hecho mismo de ser una pareja ideal, que funciona bien pero que no tiene la más mínima noción de la persona que está a su lado: como pareja se sienten mejor, casi que 1+1 hiciera 3!

La elección en los encuentros

La elección en los encuentros generalmente deriva de una necesidad inconsciente de curar relaciones precedentes, muy seguido la de los padres. El amor es hoy lagrimas y sangre, es fatigoso, no es un paseo que nos haga creer en un imaginario romance. El amor es además un pensamiento constante de esta cultura hipermoderna actual: menos se es seguro de sí mismo , más se teme entrar en una relación, mas se piensa al amor y mas se le idealiza.

Estamos en la era de los encuentros virtuales, en un periodo hipermoderno muy estimulante y nuevo. Un periodo que ofrece la ocasión de experimentar con nuevas formas de vida y de relaciones diferentes que permite una creatividad que antes estaba sancionada por las normas sociales. El numero y las posibilidades de encuentro han crecido sin medida. Creciendo igualmente la experimentación amorosa, los poliamorosos, las parejas a tiempo que comparten algunos aspectos de su vida psíquica y social pero no de manera total. La filosofía del “coqueteo” hace que los jóvenes en los últimos años universitarios vivan historias de una sola noche, y estén atentos a no crear parejas estables, para no arriesgar su futuro. Han aumentado las mujeres solas de 30 a 47 años, porque los hombres de la misma edad quieren seguir “jugando” con el amor y no comprometerse a formar una familia. El amor da miedo, el sexo esta florecido y desvinculado de cualquier definición, las parejas se han convertido en castas, el erotismo está en pésimas condiciones por no decir que murió. Está desapareciendo el otro como referente importante, erosionado por un solipsismo auto referencial más narcisista: el erotismo ,el amor , la pareja son todos juegos a dos, si el otro no se encuentra , si no lo va a buscar , si no lo reconoce, la relación erótica/amoroso necesariamente desaparecerá.

El amor hoy es por lo tanto un constante mediar entre distancia y acercamiento; si se entra en terapia preguntan: “¿Cómo logro entender si lo amo?” “¿Cómo logro a no entregarme al otro?”. Si rechaza de manifestarse por lo que se es, si nos sentimos enjuiciados por una sociedad que favorece la performance, con una atención privilegiada al hacer que ha convertido a la humanidad por así decirlo “sin inconsciente” bidimensional. Lo que se está perdiendo es la dimensión psíquica. Podríamos declarar que está en crisis la familia heterosexual nuclear a favor de familias alargadas siempre mas globalizadas: una constelación de familias patchwork, cuya heterogeneidad aumenta a la luz de la inmigración de todas partes del mundo.

Conclusión

En éstos últimos años aparte de las dificultades y de la codicia amorosa , hemos entendido que una relación tiene sentido si está en un proceso de convertirse; una de las características para que esté en movimiento es la autonomía de las individualidades. También la poca preocupación y la irreverencia que permiten el dialogo a una dialéctica con el mundo externo. Claramente una relación dialécticamente abierta a la vida no tolera compromisos de mucha duración y mucho menos asumir a priori una segura continuidad en el tiempo pero tampoco la continua amenaza del final. Es bello encontrarse si el encontrarse continúa teniendo un sentido, una relación tiene sentido mientras que las dos personas se comprometen recíprocamente con atención curiosidad y respeto.

El lector que llegó al fondo de este breve artículo se sentirá probablemente descorazonado y se preguntará como afrontar su relación en acto o las relaciones que se imagina frente a sí mismo. Quisiera que no se descorazonara demasiado sino sobre todo que se recuerde que es absolutamente necesario cultivar el amor, que es el privilegio de las personas libres y una buena razón para vivir. Mientras más se construye un censo de sí mismo más probablemente se entra en una relación satisfactoria, porque estaremos mas centrados y menos necesitados de estar confirmados por el otro. Porque, como lo digo seguido, quien no se ama no sabe amar.

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